San Blas Obispo y Mártir
Calendario festivo | Enero 13, 2005
Pocos son los datos históricos que de este Santo se conocen, aunque grandes las obras que lo elevaron a los altares y ejemplar la entereza que mostró hasta abrazar la cruz del martirio. San Blas nació en Armenia allá por el siglo III, en la ciudad de Sebate, situada en territorios cercanos al Mar Caspio, fue nombrado obispo. Mostraba gran amor al retiro y por ello eligió una gruta en el desierto cerca del monte Argeo en donde se ocultó.
De todas partes concurrían al lugar enfermos para curarse de los males que aquejaban tanto a su cuerpo como a su alma. Cuando llegaban, si lo encontraban orando, sin interrumpirle hasta que acabase, aguardaban hasta que el Santo les bendecía y quedaban sanos de las dolencias que les afligían.
Por aquel tiempo, la dominación romana, que perseguía a los cristianos, mandó su exterminio; el Emperador Licinio ordenó al Gobernador que todos fuesen perseguidos y conducidos prisioneros a la ciudad de Sebate y después morir despedazados por las fieras. Con tal motivo salieron a cazar tigres y leones. Cuál sería su sorpresa al encontrar a varios de ellos, mansamente, junto a la gruta donde se encontraba retirado S.Blas. Fue hecho prisionero y conducido ante el Gobernador.
Al saberse la noticia, muchos cristianos se acercaban a él para recibir su bendición y el alivio de sus males. De entre ellos, una mujer llena de confianza, tendió a los pies del Santo a su hijo agonizante a causa de una espina que atravesaba su graganta y lo ahogaba. Orando al Señor, le bendijo, a la vez que lo libraba de aquel trance mortal, quedando sano.
Eran los cristianos obligados a negar su fe, sacrificando a los ídolos. San Blas, amenazado por el Gobernador de que sería despedazado, no se inmutó ante tan horrible muerte, antes que renunciar a su fe cristiana. Mandó entonces que lo arrojasen a una laguna, en la que S.Blas caminó sobre las aguas, como lo hiciera Jesús en el lago de Genesaret. Enfurecido el tirano, ordenó que le cortasen la cabeza, con lo que el Santo recibió la palma del martirio.
De la misma manera, muchos mártires, anónimos a los ojos de los hombres y conocidos sólo por Dios, murieron en la ciudad de Sebate, víctimas de la persecución religiosa en el país de Armenia.
